Estos días estoy en duelo. Hace una semana me dijeron en el trabajo que este era mi último mes de contrato. Desde hacía un par de meses, como meiga que soy, me lo olía: venían cambios.

Me ha pasado once meses en constante aprendizaje y goce diario. Al principio me resultaba más fácil disfrutar con los pacientes, pero ahora ya me ocurre hasta con los compañeros de equipo. Supongo que es el indicador de que mi labor en este ambulatorio ha concluido. Y lo mejor de todo, es que me no me he sentido una enfermera, sino una mujer con ganas de descubrirse a través de cada persona y circunstancia que la vida me ponía delante.

Trinitat Vella es un barrio que si te lo permites te conecta de forma directa y sencilla con la luz y la oscuridad. Todo es auténtico. Es un fuera del tiempo y espacio dentro de Barcelona.

El otro día cuando curaba a una paciente en su casa y me entraba un ataque de tos,  la cuidadora me colocó un caramelo de miel en la boca de una forma tan amorosa que casi me pongo a llorar. Muchos pensaréis que estoy loca o que soy una «flower power», pero son gestos así los que hacen que mis días nutran mi esencia.

Ahora, en mi interior, nadan juntos la morriña, las ganas de vivir algo nuevo,la incertidumbre del salto al vacío y la confianza en la vida.

Me llevo risas, chistes, historias, lágrimas, broncas, quejas, miradas, caricias, llantos, reconocimiento, naranjas, bombones, besos, abrazos… Soy afortunada, muy afortunada.

 

Gracias Trini.

trini